En la primera página de la sección de Madrid del periódico EL PAÍS, del día 8 abril de 2008, aparecía una noticia titulada Planos municipales califican de anormales a los discapacitados. El periódico calificaba de desaguisado el hecho de que ciertos carteles e información colocada en mobiliario urbano del Ayuntamiento de Madrid se refiera a equipamientos médicos y sociales del sureste de la ciudad con las siguientes denominaciones: Instituto nacional de Reeducación de Inválidos, Hospital de Ancianos Incurables u Hospital de Niños Anormales.
Francamente, me conmovió la delicadeza de EL PERIÓDICO GLOBAL EN ESPAÑOL, y consideré su gesto como un loable intento de ese diario de defender el empleo en castellano de términos más adecuados para referirnos a personas mayores aquejadas de gravísimas enfermedades y a aquellos niños que presentan un desarrollo físico o psíquico distinto de la media.
Desearía con este post animar a dicho diario a seguir y profundizar en esa línea de defensa de la dignidad de los más desfavorecidos y, en ocasiones, indefensos de la sociedad. Al mismo tiempo, quiero aprovechar para avisar a los que trabajan en ese prestigioso periódico de que, a veces, palabras que suenan muy bien y son muy eufónicas, pueden hacer un gran daño, precisamente, a aquellas personas a las que gallardamente defiende EL PAÍS. Me tomo la licencia de ponerles dos ejemplos: eutanasia y eugenesia.
Francamente, me conmovió la delicadeza de EL PERIÓDICO GLOBAL EN ESPAÑOL, y consideré su gesto como un loable intento de ese diario de defender el empleo en castellano de términos más adecuados para referirnos a personas mayores aquejadas de gravísimas enfermedades y a aquellos niños que presentan un desarrollo físico o psíquico distinto de la media.
Desearía con este post animar a dicho diario a seguir y profundizar en esa línea de defensa de la dignidad de los más desfavorecidos y, en ocasiones, indefensos de la sociedad. Al mismo tiempo, quiero aprovechar para avisar a los que trabajan en ese prestigioso periódico de que, a veces, palabras que suenan muy bien y son muy eufónicas, pueden hacer un gran daño, precisamente, a aquellas personas a las que gallardamente defiende EL PAÍS. Me tomo la licencia de ponerles dos ejemplos: eutanasia y eugenesia.
